El politólogo ruso Timoféi Bordachiov, director de programa del Club de Debate Internacional Valdái, sostiene que aún no se puede saber cuál será el nuevo orden permanente en Oriente Medio, después de lo que calificó como el fracaso de "la aventura iraní" de Estados Unidos e Israel, o si ese orden llegará siquiera a formarse.
Aun así, considera que el hecho de haber evitado una escalada y "la destrucción de toda una civilización" —ta y como formuló su amenaza el presidente de EE.UU., Donald Trump—, permite extraer conclusiones sobre el futuro, no solo de la región, sino del sistema internacional. En su análisis, Bordachiov subraya que el episodio volvió a mostrar lo "limitadas" que son las capacidades de una superpotencia cuando no están en juego sus "intereses vitales". También advierte que la política internacional se mueve hacia un escenario en el que una "catástrofe militar general" aparece como una perspectiva probable y vaticina que esa "deriva" podría prolongarse.
Al referirse a las opciones de Washington, Bordachiov conjetura que, una vez comprobada la incapacidad de EE.UU. para romper la resistencia de Teherán con armas convencionales y forzarlo a desbloquear el estrecho de Ormuz, solo quedaba "dar marcha atrás" o jugar "los ases nucleares". "A eso el Gobierno estadounidense no se atrevió y, aparentemente, ni siquiera pensaba hacerlo", pese a las "amenazas fantasmagóricas" que salieron de Washington, sostiene el politólogo.
El estrecho de Ormuz, la verdadera 'arma' de Irán
En ese marco, Bordachiov afirma que, con el conflicto detenido, "de hecho en condiciones de Teherán", se extendió la conclusión de que la campaña iraní terminó para EE.UU. en "un fiasco". Según escribe, Washington no consiguió derrotar a un adversario "mucho más débil" ni proteger a sus aliados en el Golfo, que "sufrieron bastante" por los contraataques iraníes del último mes.
Bordachiov resalta que, a diferencia de Rusia en Ucrania, Estados Unidos libró la guerra lejos de su territorio, por lo que incluso un hipotético uso de armas nucleares contra Irán no habría supuesto "incomodidades domésticas" para la población estadounidense. Sin embargo, considera que no existían razones suficientes para llegar a ese extremo, y evoca el año 1945, cuando el "verdadero adversario" de EE.UU. era la Unión Soviética y frenar su avance era "vital".
Para el autor, en el caso iraní las apuestas, "ni siquiera teóricamente", eran tan altas y, por lo tanto, "el juego" de escalar al límite "no valía la pena".
"Las consecuencias para Estados Unidos serán muy serias, porque para todos quedó claro que sus 'garantías de seguridad' son una cáscara vacía", afirma, agregando que Washington no defenderá "por cualquier medio" a quienes le pagan por protección.
Esa lectura, añadió, se extiende a Europa, donde quedan más expuestos los países del perímetro occidental de las fronteras rusas. "Ahora esa confianza no puede existir", afirma Bordachiov, en referencia a la seguridad con la que, según él, Finlandia y las repúblicas bálticas actuaban por la expectativa de protección estadounidense.
En su argumentación, Bordachiov retrata a Trump y a los miembros de su Gobierno como "hombres de negocios" para quienes las prioridades del Estado, como "fuerza y prestigio", no serían valores por sí mismos al margen del beneficio material. En esa línea, asegura que la retórica apocalíptica de la Casa Blanca sonaría más convincente si no fuera por su disposición "repetidamente demostrada" a comprometerse.
Según el politólogo, la destrucción de Irán sería devastadora para Oriente Medio y el mercado global de la energía; un desenlace para el que Washington "no está preparado", porque no le conviene. Esa premisa, escribe, guía la política de otras potencias hacia Washington, con China como ejemplo principal, mientras Rusia también aboga por conversaciones sobre "beneficio mutuo" e inversiones en sus contactos con representantes estadounidenses.
Por último, Bordachiov plantea que, si en algún momento Trump fuera reemplazado por un dirigente "del mismo tipo", como el vicepresidente J. D. Vance o el secretario de Estado Marco Rubio, tampoco pondrían en riesgo beneficios por "intereses puramente políticos". Según explica, esa lógica se mantendrá hasta que Estados Unidos intente retener posiciones desde una situación "mucho menos ventajosa" o "casi fallida", momento en el que podría surgir el riesgo de que "el juego sí valga la pena" y el mundo atraviese "momentos muy emocionales".
¿Sobrevivirá la tregua al terminar las negociaciones entre Irán y EE.UU. sin acuerdo?, MINUTO A MINUTO



